
Y llegó la maternidad. Fui madre de mellizos prematuros, nacidos con 28 semanas, pasamos dos meses en la UCI neonatal. No fue la maternidad que una espera o imagina.
Nada vuelve a ser igual después de eso.

Intenté sostener trabajo, pareja y crianza como pude. Como a tantas familias, llegó un punto en el que llegar a todo dejó de ser posible. El cansancio, la sobrecarga y los conflictos empezaron a ocupar demasiado espacio.

Llegó la separación con hijos pequeños. Tocó reorganizarlo todo. Y tomé una decisión: no quería seguir sobreviviendo, quería aprender a hacerlo mejor y hacer todo lo posible para que a ellos no les afectara todo lo que estaba pasando.

El coaching apareció primero como apoyo personal y después como una verdadera forma de mejorar mis relaciones. Me dio estructura, claridad y herramientas prácticas para entenderme, regularme y relacionarme mejor.
Por eso decidí formarme de manera rigurosa en Innerkey, donde cursé el Máster en Coaching Transpersonal, y completé posteriormente una especialización en Coaching Familiar.

Trabajo con familias, parejas y madres/padres que están en momentos de cambio, desgaste o conflicto y quieren ordenar lo que pasa, reducir discusiones y recuperar calma y equipo en casa.
No trabajo con teorías perfectas. Trabajo con vidas reales y con cambios posibles en el día a día.
¿Hablamos?