Me enfrenté a la maternidad de dos prematuros, viví una separación con mis hijos aún pequeños, tuve que reconstruir mi vida paso a paso… y más tarde, darme la oportunidad de abrirme a una nueva pareja cuando todavía me temblaba el suelo bajo los pies.
Sé lo que es sentir que no llegas, que no sabes cómo seguir o que tienes que ser fuerte incluso cuando no puedes más. Hoy, tras más de una década entre la comunicación y el coaching familiar, ayudo a familias a cocinar nuevas formas de relacionarse, con más calma, respeto y conexión.

Desde muy joven tuve claro a qué quería dedicarme.
Jugaba con mis muñecas a hacer entrevistas.
Quería ser periodista.

Estudié Periodismo y afiancé una vocación que ya tenía clara desde muy joven. Esa formación confirmó que comunicar es la manera que tengo de mirar la realidad, entenderla y explicarla a otros.

Después de varios trabajos, llegó una gran oportunidad profesional. Llegó la televisión.
Exposición. Ritmo. Presión.
Y la necesidad de sonreír… incluso cuando no todo iba bien por dentro.

Y llegó la maternidad. Fui madre de mellizos prematuros, nacidos con 28 semanas, pasamos dos meses en la UCI neonatal. No fue la maternidad que una espera o imagina.
Nada vuelve a ser igual después de eso.

La maternidad me dio un vuelco profundo.
Y me mostró lo difícil que es sostener trabajo, pareja y crianza sin herramientas emocionales reales.

Cuando mis hijos tenían 5 años, me separé.
Comencé una nueva etapa con dos hijos pequeños y tuve que aprender a reorganizar la vida familiar, incluidos los primeros tiempos sin ellos. Fue entonces cuando comprendí que necesitaba herramientas emocionales para sostener ese cambio.
Después de la separación entendí que no bastaba con aguantar. Necesitaba algo más para sostenerme mejor y tomar decisiones desde un lugar más sano.
Ahí apareció el coaching. Primero como un apoyo en un momento clave. Después como una verdadera transformación, al darme nuevas formas de mirar, entender y actuar.
Por eso decidí estudiar y formarme, para comprender en profundidad los procesos de cambio y poder acompañar hoy con rigor y responsabilidad a otras personas y familias.

No solo me ayudó a mí.
Me ayudó a rehacer mi vida, a ordenar lo que estaba descolocado y a comprenderme mejor en un momento de cambio. Me dio herramientas para sostener mi vida emocional y poder cuidar también la de mi familia, pudiendo estar presente desde un lugar más consciente y sereno.

Hoy acompaño a personas y familias porque sé lo que es romperse y también sé que es posible reconstruirse desde un lugar más sano. De ahí nace Cocina tu Vínculo, un espacio para trabajar los vínculos de forma consciente, con herramientas emocionales claras y cambios pequeños pero sostenidos en el tiempo, como cuando cuidamos una buena receta.
Porque lo más difícil ya lo has hecho: decidir cambiar. Yo estoy aquí para ayudarte con el cómo.
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Patricia Benitez